Crece o Muere. Ventas con estrategia

MIEDO

Hace tres meses tuve un sueño que me dio miedo. Estaba en una fiesta, parecía una boda, sentado alrededor de una mesa redonda. La mesa estaba medio vacía porque algunos compañeros de mesa estaban en la pista de baile. La mesa estaba en una orilla del salón de eventos, había buena iluminación, y las paredes eran blancas. Mientras observaba a la gente bailar, sentí una presencia sobre mi costado izquierdo y no debería de haber personas en ese lugar. Al voltear, vi a mi tío Emilio. Un tío muy querido, hermano de mi papá, que falleció hace  varios años. 

Al verlo, se me quedó mirando con ojos de “tengo que decirte algo”. Toda la conversación fue sin hablar. La mirada era de “… algo… malo”, así que le pregunté si era una mala noticia y asintió. —¿Quién? —pregunté. 

—Tú —me respondió. 

—¿Pronto? 

—Este diciembre, y estará feo —terminó de forma contundente.  

Debo reconocer que me impactó tanto que organicé mi vida para no salir de viaje, ni subir cerros, ni hacer actividades riesgosas ese mes. No soy para nada supersticioso ni ando intentando ver cosas extrasensoriales ni nada por el estilo. Siempre digo que apenas puedo con los vivos, como para andar buscando fallecidos. Sin embargo, el sueño fue diferente a los que he tenido antes, se sintió como un mensaje importante que debía recibir y debido a ello mi miedo. 

Pasando los días me sentía mal por dejarme dominar por el miedo. Entre muchas reflexiones, recordé una lección aprendida en luchas pasadas: “El miedo no es una elección, la cobardía ante el miedo, sí lo es”. Nunca he dejado que el miedo sea mi consejero y no empezaré a estas alturas de la vida. 

A partir de esa renovada perspectiva ante el sueño, he retomado acciones que hubieran sucedido sin este: viajes, gimnasio, hiking  y demás. Me falta subir una montaña que represente un reto. No quiero que me quede la duda de si acaso lo dejé de hacer por cobardía. Eso sucederá pasado mañana, a cuatro días de que finaliza diciembre. Así que si mi colaboración siguiente (en dos semanas) no se publica, quiere decir que el miedo sí debió guiar mis acciones. 

Importante: Si viajo o visito lugares públicos, es cuando es muy necesario, y con todas las precauciones sanitarias por COVID-19. La montaña que escogeré está dentro de mis capacidades. Una cosa es ser valiente y otra muy diferente es ser tarugo. Para estar en esta situación donde el miedo puede tomar el control, no tienes recibir mensajes mientras duermes. Sin darnos cuenta, diario nos enfrentamos a nuestro miedo, y sin estar conscientes, lo dejamos decidir nuestro destino. 

 

¿Tienes una idea de un negocio nuevo y nunca has encontrado “el momento ideal” para iniciarlo? ¿Miedo a comprometerte con tu éxito?

Vendedor, ¿Vas por los clientes donde te sientes más cómodo o los que representan la principal oportunidad de crecer? 

Empresario, sabes que podría funcionar el nuevo proyecto, pero, ¿ya no quieres volver a fallar?

En tu vida diaria, ¿está muy frío para salir a correr? ¿Te da miedo que te nieguen la oportunidad que deseas en tu trabajo? Esa chava que te ha gustado por tanto tiempo, ¿no preferirías que te rechazara ahora a que en veinte años te arrepientas por no haber preguntado?

Bezos de Amazon, o Jobs de Apple, tomaron riesgos y las empresas que iniciaron son las más grandes del mundo. Lo arriesgaron todo, el primero desde la cajuela de su auto y el segundo desde la cochera de su casa. Ambos tuvieron una visión y se comprometieron con ella. Visualizaron un mundo mejor con sus productos, no un mundo de riquezas para ellos. Una visión correcta te da riqueza, la riqueza no te da una visión. Que no te dé miedo perseguir tu visión, pero que te dé pánico si te das cuenta de que lo único que buscas es el dinero. Nada bueno puede pasar con ello. No decides tener miedo, pero siempre podrás decidir qué hacer con él.

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